The Spanish-language film version of the novel will be made available in the language laboratory after the second class. You may find this useful to give you a sense of context and geographical location, as well as familiarizing you with Colombian spoken Spanish. You should not, however, rely exclusively on the film for your knowledge of the text, since, although it follows the novel for the most part, it departs from or elaborates the plot in a few places, and it cannot convey well the style, structure, and thematic richness of the novel.
A. Setting (on Caribbean Coast of Colombia in an unnamed river-port town [near Riohacha, la Guajira], early on a Monday morning in February, in an unspecified year [film set in 1943])
B. Title: Crónica (precise timings, etc., but shrouded in uncertainty)
C. Title: Anunciada (theme of pre-destination, pre-scription)
D. Plot (Bayardo San Román returns Ángela Vicario on wedding night because she is not virgin; her brothers Pedro and Pablo, avenge her honour by killing the man she accuses of having deflowered her, Santiago Nasar)
E. Genre: Detective novel? Investigation?
F. Themes:
1. Honour & love (arbitrary social code; unwilling actors)
2. Pre-destination (everything pre-written – link to narrative structure)
3. Circularity & self-referentiality(time; text; autotelic narrative)
4. Solitude (isolation; abandonment; unrequited love)
5. Violence & death
6. Religion (Santiago = Christ??)
G. Style: magic realism?
i) El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. “Siempre soñaba con árboles”, me dijo Plácida Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. […] Tenía una reputación muy bien ganada de intérprete certera de los sueños ajenos, siempre que se los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en esos dos sueños de su hijo (9-10)
ii) Muchos coincidían en el recuerdo de que era una mañana radiante con una brisa de mar que llegaba a través de los platanales, como era de pensar que lo fuera en un buen febrero de aquella época. Pero la mayoría estaba de acuerdo en que era un tiempo fúnebre, con un cielo turbio y bajo y un denso olor de aguas dormidas, y que en el instante de la desgracia estaba cayendo una llovizna menuda como la que había visto Santiago Nasar en el bosque del sueño. (11)
iii) Yo estaba reponiéndome de la parranda de la boda en el regazo apostólico de María Alejandrina Cervantes, y apenas si desperté con el alboroto de las campanas tocando a rebato […] (11)
iv) [L]a bala desbarató el armario del cuarto, atravesó la pared de la sala, pasó con un estruendo de guerra por el comedor de la casa vecina y convirtió en polvo de yeso a un santo de tamaño natural en el altar mayor de la iglesia, al otro extremo de la plaza. (13)
v) [V]olví a este pueblo olvidado tratando de recomponer con tantas astillas dispersas el espejo roto de la memoria. (14)
vi) —[El obispo n]i siquiera se bajará del buque —le dijo [su madre]—. Echará una bendición de compromiso, como siempre, y se irá por donde vino. Odia a este pueblo. (17)
vii) Victoria Guzmán […] no pudo eludir
una ráfaga de espanto al recordar el horror de Santiago
Nasar cuando ella arrancó de cuajo las entrañas
de un conejo y les tiró a los perros el tripajo
humeante.
—No seas
bárbara —le dijo él—.
Imagínate que fuera un ser humano.
Victoria
Guzmán necesitó casi 20 años para entender
que un hombre acostumbrado a matar animales inermes expresara
de pronto semejante horror. “¡Dios Santo
—exclamó asustada— de modo que todo aquello
fue una revelación!” (20)
viii) Nadie podía entender tantas coincidencias funestas. El juez instructor que vino de Riohacha debió sentirlas sin atreverse a admitirlas, pues su interés de darles una explicación racional era evidente en el sumario. La puerta de la plaza estaba citada varias veces con un nombre de folletín: La puerta fatal. (23)
ix) Alguien que nunca fue identificado había metido por debajo de la puerta un papel dentro de un sobre, en el cual le avisaban a Santiago Nasar que lo estaban esperando para matarlo, y le revelaban además el lugar y los motivos, y otros detalles muy precisos de la confabulación. El mensaje estaba en el suelo cuando Santiago Nasar salió de su casa, pero él no lo vio, ni lo vio Divina Flor ni lo vio nadie […] (26)
x) Clotilde Armenta, la dueña del negocio, fue la primera que lo vio en el resplandor del alba, y tuvo la impresión de que estaba vestido de aluminio. “Ya parecía un fantasma”, me dijo. (27)
1. What is the significance of Nasar’s, and his mother’s, failure to interpret his dreams correctly in (i)? Is this similar to the inability of the people of the town to agree on the weather on the fatal Monday (ii)?
2. Is it an important detail that the narrator was not witness to the events of that morning (he was sleeping in the brothel) (iii)?
3. In (iv) we are given a description of what happened once when a maidservant accidentally let off Ibrahim Nasar’s gun. In what way might this description be termed ‘magic realist’?
4. Interpret the mirror imagery in (v).
5. What is the significance of the bishop’s (repeated) failure to disembark in the town (vi)?
6. If you have read all of the novel, what is the significance of Santiago’s aversion to Victoria’s treatment of the intestine’s of the rabbit in (vii)?
7. Why are coincidences so disturbing in this novel (viii)? How does this relate to the melodramatic name given by the examining magistrate to the front door of the house?
8. What is the significance of the note under the door in (ix)?
9. What impression does Clotilde Armenta’s comment in (x) give about the events of that morning?
Pura Vicario […] se había dormido a fondo cuando tocaron a la puerta. “Fueron tres toques muy despacio —le contó a mi madre—, pero tenían esa cosa rara de las malas noticias.” Le contó que había abierto la puerta sin encender la luz para no despertar a nadie, y vio a Bayardo San Román en el resplandor del farol público, con la camisa de seda sin abotonar y los pantalones de fantasía sostenidos con tirantes elásticos. “Tenía ese color verde de los sueños”, le dijo Pura Vicario a mi madre. Ángela Vicario estaba en la sombra, de modo que sólo la vio cuando Bayardo San Román la agarró por el brazo y la puso en la luz. Llevaba el traje de raso en piltrafas y estaba envuelta con una toalla hasta la cintura. Pura Vicario creyó que se habían desbarrancado con el automóvil y estaban muertos en el fondo del precipicio.
—Ave María Purísima —dijo aterrada—. Contesten si todavía son de este mundo.
Bayardo San Román no entró, sino que empujó con suavidad a su esposa hacia el interior de la casa, sin decir una palabra. Después besó a Pura Vicario en la mejilla y le habló con una voz de muy hondo desaliento pero con mucha ternura.
—Gracias por todo, madre —le dijo—. Usted es una santa.
Sólo Pura Vicario supo lo que hizo en las dos horas siguientes, y se fue a la muerte con su secreto. “Lo único que recuerdo es que me sostenía por el pelo con una mano y me golpeaba con la otra con tanta rabia que pensé que me iba a matar”, me contó Ángela Vicario […].
Los gemelos volvieron a la casa un poco antes de las tres, llamados de urgencia por su madre. Encontraron a Ángela Vicario tumbada bocabajo en un sofá del comedor y con la cara macerada a golpes, pero había terminado de llorar. “Ya no estaba asustada”, me dijo. “Al contrario: sentía como si por fin me hubiera quitado de encima la conduerma de la muerte, y lo único que quería era que todo terminara rápido para tirarme a dormir.” Pedro Vicario, el más resuelto de los hermanos, la levantó en vilo por la cintura y la sentó en la mesa del comedor.
—Anda, niña —le dijo temblando de rabia—: dinos quién fue.
Ella se demoró apenas el tiempo necesario para decir el nombre. Lo buscó en las tinieblas, lo encontró a primera vista entre los tantos y tantos nombres confundibles de este mundo y del otro, y lo dejó clavado en la pared con su dardo certero, como una mariposa sin albedrío cuya sentencia estaba escrita desde siempre.
—Santiago Nasar —dijo. (75-78)
1. What can you say about the style of this passage, in particular the mix of reported speech and novelistic description?
2. What does the state of Bayardo’s and Ángela’s clothes (lines 4-8) tell us about what has occurred?
3. What is the significance of the reference to dreams (line 5) and ghosts (lines 6-7)?
4. Why does Bayardo San Román tell Pura Vicario that she is a saint (line 13)?
5. Interpret the imagery in the last paragraph (line 25 to the end).
i) Bayadrdo San Román […] tenía una manera de hablar que más bien le servía para ocultar que para decir. (44)
ii) [Las hermanas Vicario] habían sido educadas para casarse. Sabían bordar en bastidor, coser a máquina, tejer encaje de bolillo, lavar y planchar, hacer flores artificiales y dulces de fantasía, y redactar esquelas de compromiso. […] “Son perfectas”, [decía] con frecuencia [mi madre]. “Cualquier hombre será feliz con ellas, porque han sido criadas para sufrir.” (51-52)
iii) “Ya está de colgar en un alambre —me decía Santiago Nasar—: tu prima la boba [i.e., Ángela].” (53)
iv) Petronio San Román [padre de Bayardo], héroe de las guerras civiles del siglo anterior, y una de las glorias mayores del régimen conservador por haber puesto en fuga al coronel Aureliano Buendía en el desastre de Tucurinca. (55)
v) Era Ángela Vicario quien no quería casarse con él. “Me parecía demasiado hombre para mí”, me dijo. (56)
vi) De modo que le enseñaron artimañas
de comadronas para fingir sus prendas perdidas, y para que
pudiera exhibir en su primera mañana de recién
casada, abierta al sol en el patio de su casa, la sábana
de hilo con la mancha del honor.
Se casó con
esa ilusión. Bayardo San Román, por su parte,
debió casarse con la ilusión de comprar la
felicidad con el peso descomunal de su poder y su fortuna
[…] (63)
vii) [E]l hecho de que Ángela Vicario se atreviera a ponerse el velo y los azahares sin ser virgen, había de ser interpretado después como una profanación de los símbolos de la pureza. (68)
i) El abogado sustentó la tesis del homicidio en legítima defensa del honor, que fue admitida por el tribunal de conciencia, y los gemelos declararon al final del juicio que hubieran vuelto a hacerlo mil veces por los mismos motivos (79)
ii) [L]a realidad parecía ser que los hermanos Vicario no hicieron nada de lo que convenía para matar a Santiago Nasar de inmediato y sin espectáculo público, sino que hicieron mucho más de lo que era imaginable para que alguien les impidiera matarlo, y no lo consiguieron. (81)
iii) Nunca hubo una muerte más anunciada. (83)
iv) —Ya no tienen con qué matar a nadie
—dijo [el coronel Aponte].
—No es por eso
—dijo Clotilde Armenta—. Es para librar a esos
pobres muchachos del horrible compromiso que les ha
caído encima.
Pues ella lo
había intuido. Tenía la certidumbre de que los
hermanos Vicario no estaban tan ansiosos por cumplir la
sentencia como por encontrar a alguien que les hiciera el favor
de impedírselo. (93)
v)
Pablo
Vicario entró solo en la pocilga a buscar los otros dos
cuchillos, mientras el hermano agonizaba gota a gota tratando
de orinar bajo los tamarindos. “Mi hermano no supo nunca
lo que es eso”, me dijo Pedro Vicario […].
“Era como orinar vidrio moldo”. [… Pablo] le
puso el cuchillo en la mano y se lo llevó casi por la
fuerza a buscar la honra perdida de la hermana.
—Esto no tiene
remedio —le dijo—: es como si ya nos hubiera
sucedido. (99-100)
vi) [Prudencia Cotes, la novia de Pablo:] “Yo sabía en qué andaban —me dijo— y no sólo estaba de acuerdo, sino que nunca me hubiera casado con él si no cumplía como hombre”. […] Prudencia Cotes se quedó esperando en la cocina hasta que los vio salir por la puerta del patio, y siguió esperando durante tres años sin un instante de desaliento, hasta que Pablo Vicario salió de la cárcel y fue su esposo de toda la vida. (102)
vii) [María Alejandrina Cervantes, la prostituta] fue la mujer más elegante y la más tierna que conocí jamás, y la más servicial en la cama […]. Fue ella quien arrasó con la virginidad de mi generación. (105)
i) Los estragos de los cuchillos fueron apenas un principio de la autopsia inclemente que el padre Carmen Amador se vio obligado a hacer por ausencia del doctor Dionisio Iguarán. “Fue como si hubiéramos vuelto a matarlo después de muerto”, me dijo el antiguo párroco en su retiro de Calafell. (116)
ii) La cavidad abdominal estaba ocupada por grandes témpanos de sangre, y entre el lodazal de contenido gástrico apareció una medalla de oro de la Virgen del Carmen que Santiago Nasar se había tragado a la edad de cuatro años. […] Tenía una punzada profunda en la palma de la mano derecha. El informe dice: “Parecía un estigma del Crucificado”. [… E]n la nota final señalaba una hipertrofia del hígado que atribuyó a una hepatitis mal curada. “Es decir —me dijo—, que de todos modos le quedaban muy pocos años de vida”. (121-22)
iii) Todo siguió oliendo a Santiago Nasar aquel día. Los hermanos Vicario lo sintieron en el calabozo […] Llevaban tres noches sin dormir, pero no podían descansar, porque tan pronto como empezaban a dormirse volvían a cometer el crimen. Ya casi viejo, tratando de explicarme su estado de aquel día interminable, Pablo vicario me dijo sin ningún esfuerzo: “Era como estar despierto dos veces.” Esa frase me hizo pensar que lo más insoportable para ellos en el calabozo debió haber sido la lucidez. (126)
iv) [U]na muerte cuyos culpables podíamos ser todos. (131)
v) Al verla así [a Ánglea Vicario], dentro del marco idílico de la ventana, no quise creer que aquella mujer fuera la que yo creía, porque me resistía a admitir que la vida terminara por parecerse tanto a la mala literatura. (142)
vi) [N]adie creyó que en realidad hubiera
sido Santiago Nasar. [Ángela y él
p]ertenecían a dos mundos divergentes. Nadie los vio
nunca juntos, y mucho menos solos. Santiago Nasar era demasiado
altivo para fijarse en ella. “Tu prima la boba”, me
decía, cuando tenía que mencionarla. […]
—Ya no
le des más vueltas, primo —me dijo
[Ángela]—. Fue él. (144)
vii) [Al escribir la primera carta:] Dueña por
primera vez de su destino, Ángela Vicario
descubrió entonces que el odio y el amor son pasiones
recíprocas. Cuantas más cartas mandaba más
encendía las brasas de su fiebre […] Pero no hubo
respuesta. A partir de entonces ya no era consciente de lo que
escribía, ni a quién le escribía a ciencia
cierta, pero siguió escribiendo sin cuartel durante
diecisiete años.
Un medio día
de agosto, mientras bordaba con sus amigas, sintió que
alguien llegaba a la puerta. No tuvo que mirar para saber
quién era. “Estaba gordo y se le empezaba a caer
el pelo, y ya necesitaba espejuelos para ver de cerca”,
me dijo. “¡Pero era él, carajo, era
él!”
—Bueno
—dijo [Bayardo San Román]—, aquí
estoy.
Llevaba la maleta de
la ropa para quedarse, y otra maleta igual con casi dos mil
cartas que ella le había escrito. Estaban ordenadas por
sus fechas, en paquetes cosidos con cintas de colores, y todas
sin abrir. (149-53)
Durante años no pudimos hablar de otra cosa. Nuestra conducta diaria, dominada hasta entonces por tantos hábitos lineales, había empezado a girar de golpe en torno de una misma ansiedad común. Nos sorprendían los gallos del amanecer tratando de ordenar las numerosas casualidades encadenadas que habían hecho posible el absurdo, y era evidente que no lo hacíamos por un anhelo de esclarecer misterios, sino porque ninguno de nosotros podía seguir viviendo sin saber con exactitud cuál era el sitio y la misión que le había asignado la fatalidad. […]
No existía clasificación alguna en los archivos [del Palacio de Justicia de Riohacha], y más de un siglo de expedientes estaban amontonados en el suelo del decrépito edificio colonial que fuera por dos días el cuartel general de Francis Drake. La Planta baja se inundaba con el mar de leva, y los volúmenes descosidos flotaban en las oficinas desiertas. Yo mismo exploré muchas veces con las aguas hasta los tobillos aquel estanque de causas perdidas, y sólo una casualidad me permitió rescatar al cabo de cinco años de búsqueda unos 322 pliegos salteados de los más de 500 que debió de tener el sumario.
El nombre del juez no apareció en ninguno, pero es evidente que era un hombre abrasado por la fiebre de la literatura. Sin duda había leído a los clásicos españoles, y algunos latinos, y conocía muy bien a Nietzsche, que era el autor de moda entre los magistrados de su tiempo. La notas marginales, y no sólo por el color de la tinta, parecían escritas con sangre. Estaba tan perplejo con el enigma que le había tocado en suerte, que muchas veces incurrió en distracciones líricas contrarias al rigor de su ciencia. Sobre todo, nunca le pareció legítimo que la vida se sirviera de tantas casualidades prohibidas a la literatura, para que se cumpliera sin tropiezos una muerte tan anunciada.
Sin embargo, lo que más le había alarmado al final de su diligencia excesiva fue no haber encontrado un solo indicio, ni siquiera el menos verosímil, de que Santiago Nasar hubiera sido en realidad el causante del agravio. Las amigas de Ángela Vicario que habían sido sus cómplices en el engaño siguieron contando durante mucho tiempo que ella las había hecho partícipes de su secreto desde antes de la boda, pero no les había revelado ningún nombre. En el sumario declararon: “Nos dijo el milagro pero no el santo.” Ángela Vicario, por su parte, se mantuvo en su sitio. Cuando el juez instructor le preguntó con su estilo lateral si sabía quién era el difunto Santiago Nasar, ella le contestó impasible:
—Fue mi autor.
Así consta en el sumario, pero sin ninguna otra precisión de modo ni de lugar. Durante el juicio, que sólo duró tres días, el representante de la parte civil puso su mayor empeño en la debilidad de ese cargo. Era tal la perplejidad del juez instructor ante la falta de pruebas contra Santiago Nasar, que su buena labor parece por momentos desvirtuada por la desilusión. En el folio 416, de su puño y letra y con la tinta roja del boticario, escribió una nota marginal: Dadme un prejuicio y moveré el mundo. Debajo de esa paráfrasis de desaliento, con un trazo feliz de la misma tinta de sangre, dibujó un corazón atravesado por una flecha. (154-60)
1. Could this passage have been taken from a detective novel? Is there anything that parodies the detective novel genre?
2. Explain the significance of the mention of linearity versus circularity in the first paragraph. How does it relate to the theme of fate?
3. What impression does the description of the courthouse building give (lines 7-12)?
4. What is the significance of the references to literature (lines 13-19)?
5. What do you understand by Ángela’s response to the examining magistrate (line 27)? Is her choice of words significant?