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Semillas para un himno [1943-1955]

 

 

RELÁMPAGO EN REPOSO

 

Tendida,

piedra hecha de mediodía,

ojos entrecerrados donde el blanco azulea,

entornada sonrisa.

Te incorporas a medias y sacudes tu melena de león.

Luego te tiendes,

delgada estría de lava en la roca,

rayo dormido.

Mientras duermes te acaricio y te pulo,

hacha esbelta,

flecha con que incendio la noche.

 

El mar combate allá lejos con espadas y plumas.

 

 

MÁS ALLÁ DEL AMOR

 

Todo nos amenaza:

el tiempo, que en vivientes fragmentos divide

al que fui

              del que seré,

como el machete a la culebra;

la conciencia, la transparencia traspasada,

la mirada ciega de mirarse mirar;

las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba, el agua, la piel;

nuestros nombres que entre tú y yo se levantan,

murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.

 

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,

ni el delirio y su espuma profética,

ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.

Más allá de nosotros,

en las fronteras del ser y el estar,

una vida más vida nos reclama.

 

Afuera la noche respira, se extiende,

llena de grandes hojas calientes,

de espejos que combaten:

frutos, garras, ojos, follajes,

espaldas que relucen,

cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.

 

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,

de tanta vida que se ignora y entrega:

tú también perteneces a la noche.

Extiéndete, blancura que respira,

late, oh estrella repartida,

copa,

pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,

pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.

 

 

FÁBULA

A Álvaro Mutis

Edades de fuego y de aire

Mocedades de agua

Del verde al amarillo

                             Del amarillo al rojo

Del sueño a la vigilia

                             Del deseo al acto

Sólo había un paso que tú dabas sin esfuerzo

Los insectos eran joyas animadas

El calor reposaba al borde del estanque

La lluvia era un sauce de pelo suelto

En la palma de tu mano crecía un árbol

Aquel árbol cantaba reía y profetizaba

Su vaticinios cubrían de alas el espacio

Había milagros sencillos llamados pájaros

Todo era de todos

                          Todos eran todo

Sólo había una palabra inmensa y sin revés

Palabra como un sol

Un día se rompió en fragmentos diminutos

Son las palabras del lenguaje que hablamos

Fragmentos que nunca se unirán

Espejos rotos donde el mundo se mira destrozado.

 

 

SEMILLAS PARA UN HIMNO

 

Infrecuentes (pero también inmerecidas)

Instantáneas (pero es verdad que el tiempo no se mide

Hay instantes que estallan y son astros

Otros son un río detenido y unos árboles fijos

Otros son ese mismo río arrasando los mismos árboles)

Infrecuentes

                  Instantáneas noticias favorables

Dos o tres nubes de cristal de roca

Horas altas como la marea

Estrépito de plumas blancas en el cielo nocturno

Islas en llamas en mitad del Pacífico

Mundos de imágenes suspendidos de un hilo de araña

Y entre todos la muchacha que se abre paso como la llama que avanza

Como el viento partiendo en dos la cortina de nubes

Bello velero femenino

Bello relámpago partiendo en dos al tiempo

Tus hombros tienen la marca de los dientes del amor

La noche polar arde

Infrecuentes

                  Instantáneas noticias del mundo

(Cuando el mundo entreabre sus puertas y el ángel cabecea a la entrada del jardín)

Nunca merecidas

                         (Todo se nos da por añadidura

En una tierra condenada a repetirse sin tregua

Todos somos indignos

Hasta los muertos enrojecen

Hasta los ciegos deletrean la escritura del látigo

Racimos de mendigos cuelgan de las ciudades

Casas de ira torres de frente obtusa)

Infrecuentes

                  Instantáneas

No llegan siempre en forma de palabras

Brota una espiga de unos labios

Una forma veloz abre las alas

                                          Imprevistas

Instantáneas

Como en la infancia cuando decíamos «ahí viene un barco cargado de…»

Y brotaba instantánea imprevista la palabra convocada

            Pez

                 Álamo

                          Colibrí

Y así ahora de mi frente zarpa un barco cargado de iniciales

Ávidas de encarnar en imágenes

                                              Instantáneas

Imprevistas cifras del mundo

La luz se abre en las diáfanas terrazas del mediodía

Se interna en el bosque como una sonámbula

Penetra en el cuerpo dormido del agua

 

Por un instante están los nombres habitados

 

 

¿Águila o sol? [1949-1950]

 

 

Trabajos del poeta

 

VI

 

[…] se rompen los lazos con el mundo, la razón y el lenguaje. Sobre todo con el lenguaje ––ese cordón umbilical que nos ata al abominable vientre rumiante. Te atreves a decir No, para un día poder decir mejor Sí.

 

XIV

 

   Difícilmente, avanzo milímetros por año, me hago un camino entre la roca. Desde hace milenios mis dientes se gastan y mis uñas se rompen para llegar allá, al otro lado, a la luz y al aire libre. Y ahora que mis manos sangran y mis dientes tiemblan, inseguros, en una cavidad rajada por la sed y el polvo, me detengo y contemplo mi obra: he pasado la segunda parte de mi vida rompiendo las piedras, perforando las murallas, taladrando las puertas y apartando los obstáculos que interpuse entre la luz y yo durante la primera parte de mi vida.

 

HACIA EL POEMA

[…]

Damos vueltas y vueltas en el vientre animal, en el vientre mineral, ene el vientre temporal. Encon­trar la salida: el poema.

[…]

Cortar el cordón umbilical, matar bien a la Madre: crimen que el poeta moderno cometió por todos, en nombre de todos. Toca al nuevo poeta descubrir a la Mujer.

 

II

[…]

El poema prepara un orden amoroso. Preveo un hombre-sol y una mujer-luna, el uno libre de su poder, la otra libre de su esclavitud, y amores implacables rayando el espacio negro. Todo ha de ceder a esas águilas incandescentes.

[…]

Cuando la Historia duerme, habla en sueños: en la frente del pueblo dormido el poema es una constelación de sangre. Cuando la Historia des­pier­ta, la imagen se hace acto, acontece el poema: la poesía entra en acción.

 

Merece lo que sueñas.

 

 

La estación violenta [1948-1957]

 

O soleil c’est le temps de la Raison ardente.

Apollinaire    

 

HIMNO ENTRE RUINAS

 

Coronado de sí el día extiende sus plumas.

¡Alto grito amarillo,

caliente surtidor en el centro de un cielo

imparcial y benéfico!

Las apariencias son hermosas en esta su verdad momentánea.

El mar trepa la costa,

se afianza entre las peñas, araña deslumbrante,

la herida cárdena del monte resplandece;

un puñado de cabras es un rebaño de piedras;

el sol pone su huevo de oro y se derrama sobre el mar.

Todo es dios.

¡Estatua rota,

columnas comidas por la luz,

ruinas vivas en un mundo de muertos en vida!

 

Cae la noche sobre Teotihuacán.

En lo alto de la pirámide los muchachos fuman marihuana,

suenan guitarras roncas.

¿Qué yerba, qué agua de vida ha de darnos la vida,

dónde desenterrar la palabra,

la proporción que rige al himno y al discurso,

al baile, a la ciudad y a la balanza?

El canto mexicano estalla en un carajo,

estrella de colores que se apaga,

piedra que nos cierra las puertas del contacto.

Sabe la tierra a tierra envejecida.

 

Los ojos ven, las manos tocan.

Bastan aquí unas cuantas cosas:

tuna, espinoso planeta coral,

higos encapuchados,

uvas con gusto a resurrección,

almejas, virginidades ariscas,

sal, queso, vino, pan solar.

Desde lo alto de su morenía una isleña me mira,

esbelta catedral vestida de luz.

Torres de sal, contra los pinos verdes de la orilla

surgen las velas blancas de las barcas.

La luz crea templos en el mar.

 

Nueva York, Londres, Moscú.

La sombra cubre al llano con su yedra fantasma,

con su vacilante vegetación de escalofrío,

su vello ralo, su tropel de ratas.

A trechos tirita un sol anémico.

Acodado en montes que ayer fueron ciudades, Polifemo bosteza.

Abajo, entre los hoyos, se arrastra un rebaño de hombres.

[…]

 

Ver, tocar formas hermosas, diarias.

Zumba la luz, dardos y alas.

[…]

¡oh mediodía, espiga henchida de minutos,

copa de eternidad!

 

Mis pensamientos se bifurcan, serpean, se enredan,

recomienzan,

y al fin se inmovilizan, ríos que no desembocan,

delta de sangre bajo un sol sin crepúsculo.

¿Y todo ha de parar en este chapoteo de aguas muertas?

 

¡Día, redondo día,

luminosa naranja de veinticuatro gajos,

todos atravesados por una misma y amarilla dulzura!

La inteligencia al fin encarna,

se reconcilian las dos mitades enemigas

y la conciencia–espejo  se licúa,

vuelve a ser fuente, manantial de fábulas:

Hombre, árbol de imágenes,

palabras que son flores que son frutos que son actos.

 

 

FUENTE

 

El mediodía alza en vilo al mundo.

Y las piedras donde el viento borra lo que a ciegas escribe el tiempo,

las torres que al caer la tarde inclinan la frente,

la nave que hace siglos encalló en la roca, la iglesia de oro que tiembla al peso de una cruz de palo,

las plazas donde si un ejército acampa se siente desamparado y sin defensa,

el Fuerte que hinca de rodilla ante la luz que irrumpe por la loma,

los parques y el corro cuchicheante de los olmos y los álamos,

las columnas y los arcos a la medida exacta de la gloria,

la muralla que abierta al sol dormita, echada sobre sí misma, sobre su propia hosquedad desplomada,

el rincón visitado sólo por los misántropos que rondan las afueras: el pino y el sauce,

los mercados bajo el fuego graneado de los gritos,

el muro a media calle, que nadie sabe quién edificó ni con qué fin, el desollado, el muro en piedra viva,

todo lo atado al suelo por amor de materia enamorada, rompe amarras

y asciende radiante entre las manos intangibles de esta hora.

 

[…]

La ciudad lanza sus cadenas al río y vacía de sí misma,

de su carga de sangre, de su carga de tiempo, reposa

hecha un ascua, hecha un sol en el centro del torbellino.

El presente la mece.

 

Todo es presencia, todos los siglos son este Presente.

¡Ojo feliz que ya no mira porque todo es presencia y su propia visión fuera de sí lo mira!

[…]

Y la gran ola vuelve y me derriba, echa a volar la mesa y los papeles y en lo alto de su cresta me suspende,

música detenida en su más, luz que no pestañea, ni cede, ni avanza.

Todo es presente, espejo sin revés: no hay sombra, no hay lado opaco, todo es ojo,

todo es presencia, estoy presente en todas partes y para ver mejor, para mejor arder, me apago

y caigo en mí y salgo de mí y subo hasta el cohete y bajo hasta el hachazo

porque la gran esfera, la gran bola de tiempo incandescente,

el fruto que acumula todos los jugos de la historia, la presencia, el presente, estalla

como un espejo roto al mediodía, como un mediodía roto contra el mar y la sal.

 

Toco la piedra y no contesta, cojo la llama y no me quema, ¿qué esconde esta presencia?

No hay nada atrás, las raíces están quemadas, podridos los cimientos,

basta un manotazo para echar abajo esta grandeza.

[…]

Y mi vida desfila ante mis ojos sin que uno solo de mis actos lo reconozca mío:

¿y el delirio de hacer saltar la muerte con el apenas golpe de alas de una imagen

y la larga noche pasada sin esculpir el instantáneo cuerpo del relámpago

y la noche de amor puente colgante entre esta vida y la otra?

 

No duele la antigua herida, no arde la vieja quemadura, es una cicatriz casi borrada

el sitio de la separación, el lugar del desarraigo, la boca por donde hablan en sueños la muerte y la vida

es una cicatriz invisible.

Yo no daría la vida por mi vida: es otra mi verdadera historia.

[…]

 

 

¿NO HAY SALIDA?

[…]

Allá, del otro lado, se extienden las playas inmensas como una mirada de amor,

allá la noche vestida de agua despliega sus jeroglíficos al alcance de la mano,

el río entra cantando por el llano dormido y moja las raíces de la palabra libertad,

allá los cuerpos enlazados se pierden en un bosque de árboles transparentes

[…]

Todo está lejos, no hay regreso, los muertos no están muertos, los vivos no están vivos,

hay un muro, un ojo que es un pozo, todo tira hacia abajo, pesa el cuerpo,

pesan los pensamientos […]

el recurrir a las palabras melladas,

la perforación del muro, las idas y venidas, la realidad cerrando puertas,

poniendo comas, la puntuación del tiempo, todo está lejos, los muros son enormes

[…]

aquí es ninguna parte, poco a poco me he ido cerrando y no encuentro salida que no dé a este instante,

este instante soy yo, salí de pronto de mí mismo, no tengo nombre ni rostro,

yo está aquí, echado a mis pies, mirándome mirándose mirarme mirado.

 

Fuera, en los jardines que arrasó el verano, una cigarra se ensaña contra la noche.

¿Estoy o estuve aquií?

 

 

EL RÍO

 

La ciudad desvelada circula por mi sangre como una abeja.

Y el avión que traza un gemido en forma de S larga, los tranvías que se derrumban en esquinas remotas,

ese árbol cargado de injurias que alguien sacude a medianoche en la plaza,

los ruidos que ascienden y estallan y los que se deslizan y cuchichean en la oreja un secreto que repta,

abren lo oscuro, precipicios de aes y oes, túneles de vocales taciturnas,

galerías que recorro con los ojos vendados, el alfabeto somnoliento cae en el hoyo como un río de tinta,

y la ciudad va y viene y su cuerpo de piedra se hace añicos al llegar a mi sien,

toda la noche, uno a uno, estatua a estatua, fuente a fuente, piedra a piedra, toda la noche

sus pedazos se buscan en mi frente, toda la noche la ciudad habla dormida por mi boca

y es un discurso incomprensible y jadeante, un tartamudeo de aguas y piedra batallando, su historia.

 

Detenerse un instante, detener a mi sangre que va y viene, va y viene y no dice nada,

[…]

sentado a la orilla detener al río, abrir el instante, penetrar por sus salas atónitas hasta su centro de agua,

beber en la fuente inagotable, ser la cascada de sílabas azules que cae de los labios de piedra,

[…]

decir lo que dice el río, larga palabra semejante a labios, larga palabra que no acaba nunca,

decir lo que dice el tiempo en duras frases de piedra, en vastos ademanes de mar cubriendo mundos.

[…]

No,

no tengo nada que decir, nadie tiene nada que decir, nada ni nadie excepto la sangre,

nada sino este ir y venir de la sangre, este escribir sobre lo escrito y repetir la misma palabra en mitad del poema,

sílabas de tiempo, letras rotas, gotas de tinta, sangre que va y viene y no dice nada y me lleva consigo.

[…]

parar el río de las palabras, remontar la corriente y que la noche vuelta sobre sí misma muestre sus entrañas de oro ardiendo,

[…]

que el tiempo se cierre y sea su herida una cicatriz invisible, apenas una delgada línea sobre la piel del mundo,

que las palabras depongan armas y sea el poema una sola palabra entretejida, un resplandor implacable que avanza,

[…]

y sea todo como la llama que se esculpe y se hiela en la roca de entrañas transparentes,

duro fulgor resuelto ya en cristal y claridad pacífica.

 

Y el río remonta su curso, repliega sus velas, recoge sus imágenes y se interna en sí mismo.

 

 

EL CÁNTARO ROTO

[…]

¿Abrir los ojos o cerrarlos, todo es igual?

Castillos interiores que incendia el pensamiento porque otro más puro se levante, sólo fulgor y llama,

semilla de la imagen que crece hasta ser árbol y hace estallar el cráneo,

palabra que busca unos labios que la digan

[…]

Dime, sequía, piedra pulida por el tiempo sin dientes, por el hambre sin dientes, polvo molido por dientes que son siglos, pro siglos que son hambres,

dime, cántaro roto caído en el polvo, dime,

¿la luz nace frotando hueso contra hueso, hombre contra hombre, hambre contra hambre,

hasta que surja al fin la chispa, el grito, la palabra,

hasta que brote al fin el agua y crezca el árbol de anchas hojas de turquesa?

 

Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las s,

soñemos sueños activos de río buscando su cauce, sueños de sol soñando sus mundos,

hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros,

cantar hasta que el sueño engendre y brote del costado del dormido la espiga roja de la resurrección,

el agua de la mujer, el manantial para beber y mirarse y reconocerse y recobrarse

[…]

echar abajo las paredes entre el hombre y el hombre, juntar de nuevo lo que fue separado,

vida y muerte no son mundos contrarios, somos un solo tallo con dos flores gemelas,

hay que desenterrar la palabra perdida, soñar hacia dentro y también hacia fuera

[…]

porque la luz canta con un rumor de agua, con un rumor de follaje canta el agua

y el alba está cargada de frutos, el día y la noche reconciliados fluyen como un río manso,

el día y la noche se acarician largamente como un hombre y una mujer enamorados,

como un solo río interminable bajo arcos de siglos fluyen las estaciones y los hombres,

hacia allá, al centro vivo del origen, más allá de fin y comienzo.

 

México, 1955

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